Asociación independiente

"Todo depende de los otros"

Haz una prueba: coméntale a tu interlocutor una de las clásicas "teorías conspirativas", de las que sugieren que un pequeño grupo de "poderosos" tiene engañada a la gran mayoría de la gente.

Hazlo varias veces ante distintas personas.

Te encontrarás con que unas se oponen a lo que les comentas y otras se adhieren casi instintiva y automáticamente, aunque no posean información sobre el tema mencionado.

Y en algún momento te surgirá la pregunta: ¿qué es lo que mueve a esas personas a aferrarse a esas ideas?

En el fondo es siempre la misma causa: se eligen las ideas por lo mismo que se eligen artículos en un supermercado: porque satisfacen un deseo.

Y ¿cuál es el deseo en este caso? ¿En qué se parecen entre sí todos los que exaltan esa posibilidad?

La idea de que hay unos pocos seres determinando qué piensa, qué posee y cómo vive el resto de la gente apunta, junto con otras que se le parecen, a desembocar en una sólida conclusión: nuestra vida depende de otros.

Parece, o abiertamente es, una conclusión horrible. Pero ¿por qué hay gente prefiriendo ideas horribles y pasando acto seguido a hacer residir su propia vida sobre ellas?

La respuesta es difícil pero entendible: algunas ideas puede ser muy feas, pero también muy útiles en la práctica.

Si nuestra vida depende de otros, la primera recompensa que obtenemos es la de no tener que movernos para mejorarla, la segunda es que no podemos ser responsabilizados de nada, la tercera es que no necesitaremos preguntarnos a qué aspiramos ni encontrar qué hacer para lograrlo, y si seguimos pensándolo agregaremos más ventajas a las enumeradas.

Esa gente no suele decirnos ni decirse que piensa algo así, y a lo mejor es cierto que no lo piensa, pero no cabe duda de que en lo más íntimo está convencida: no importa que la vida sea fea; lo más importante es que sea fácil.

Tal vez no seamos ese tipo de gente, y es mejor que no lo seamos; pero basta mirar un poco el mundo para darse cuenta de que la hay, y de que es mucha.

Por eso, el postulado de que todo depende de los otros es atractivo; feo pero atractivo.

Podemos caer en cuenta de que hay cosas que sí dependen de otros; pero lo grave, enfermizo y destructivo es extender esta idea a la totalidad de lo que sucede, y enfrascarse en que nada depende ni puede depender de uno mismo.

Cualquier idea política, social, moral, religiosa (o entre ellas las clásicas "teorías conspirativas") que apunte a que nuestra vida no depende de nosotros resulta absurdamente bienvenida cuando lo que se desea es rechazar el esfuerzo.

Si nos decimos que nuestros sueños son cosas o situaciones que podríamos alcanzar con cierto esfuerzo, y planeamos nuestra vida en esa dirección, nos perecerá horrible y hasta incomprensible que haya quien quiera algo tan distinto. Pero debemos darnos cuenta de que hay distintos tipos de personas, y uno de ellos, muy abundante, es el de esos para quienes el mayor mal no es la carencia, sino el esfuerzo.

Si a estas personas les proponemos que prueben si es verdad, porque tal vez toda su vida esté estancada por una idea que puede no ser cierta, es muy común que tengan un arranque de miedo, que se resientan con nosotros y quieran evitar escuchar propuestas como esa.

Si nos sentimos mal ante esa actitud, felicitémonos: estamos entre los que deciden vivir.

Al decidir vivir, y esforzarnos por lo que queremos, nos daremos cuenta de que nos arriesgamos, de que hay veces en que las cosas no salen bien, de que no somos todopoderosos.

Así y todo, es preferible este camino antes que el de empobrecer la vida y decir que la culpa la tienen otros.

Los otros, y el mundo, existen e inciden sobre nuestra vida, pero hay una parte, aunque no sepamos su dimensión, que está exclusivamente sujeta a nuestra voluntad.

Y esa es la parte que importa. Si decidimos vivir decidamos hacernos cargo de ella.

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