Este es un sitio para todos aquellos a quienes la posmodernidad no ha podido superar.
Para quienes aún continúan observando, en el empedrado de una calle de barrio, un sueño que vuelve, una voz que se resiste a ser archivada bajo el asfalto.
Porque creo que en algún lugar de nosotros sigue obrando ese misterio de los atardeceres de invierno, cuando el único pájaro que canta es
nuestra propia alma trepada a una rama de lo permanente. Y lo permanente reside en todo aquello que nos trasciende, que llevamos puesto, como un abrigo o como un nombre sin darnos cuenta y que a veces pesa más de la cuenta. |