Asociación independiente

Gusto y disgusto

Bastan unos minutos para detectar cómo se toma cada persona el mundo que la rodea.

¿Qué dice sobre ese mundo?

Si expresa agrado por lo que ve, o habla de qué quiere y qué hará para lograrlo, estamos ante una persona a la que le gusta el mundo.

Si manifiesta desagrado ante cada fenómeno que se le presenta, o habla de los problemas que padede o los hechos desagradables que pueden acontecerle, estamos ante una persona a la que todo le parece feo.

Podríamos pensar que la diferencia está en que a unos les va bien y a otros les va mal. Si embargo, en seguida podemos ver que lo que hacen no depende de las circunstancias en que vivan.

Cuando las cosas van mal, hay quienes piensan en soluciones y se ponen a aplicarlas, y hay quienes ponen su atención en cada detalle indeseable, dejan sin mencionar toda posibilidad de solución y destacan con cada pensamiento su condición de víctimas.

Cuando las cosas van bien, unos hablan de su satisfacción y otros se dedican a encontrarle algún problema a cualquier situación, por más favorable que sea.

Todo indica que su respuesta ante los sucesos del mundo ya está preestablecida antes de que vean lo que sucede. Sin que lleguen a tener tiempo de pensar, están emitiendo un comentario positivo o negativo ante cualquier cosa. Lo que determina su actitud no son las circusntancias ni los sucesos, sino una vocación interna preexistente.

Las consecuencias serán muy serias para su vida. La posibilidad de ser feliz depende, más que de las circunstancias, de lo que haga cada persona. Y si lo que hace, o su decisión de no hacer, está determinada por su desprecio hacia todo, ella misma desactivará su propia posibilidad de construirse una vida.

En última instancia, nuestro gusto o disgusto ante la vida determinará nuestra felicidad o infelicidad.

Antes de pensar en cuánto nos ayuda o no el mundo, mirémonos a nosotros mismos: ¿Qué decimos, qué tendemos a sentir o pensar ante cada suceso con que nos encontramos?

Si descubrimos que lo primero que emitimos es un comentario de desagrado, de "qué lástima", de "no se puede", démonos cuenta de que estamos cargados de disgusto, y esa carga previa será el determinante de hacia dónde irá nuestra vida. Viviremos mal por más que nos rodeen seres y circunstancias amables.

Llevar dentro esa predisposición al disgusto es un factor en contra, pero de ahí a decirnos que está todo perdido hay una enorme diferencia.

Preguntémonos si queremos seguir así, si de verdad estamos convencidos de que queremos esa vida.

Si hay en nosotros algún grado de disgusto con el disgusto, de ganas de que nuestra vida no sea eso, tenemos toda la posibilidad de empezar a vivir como queremos.

Cada vez que veamos o escuchemos algo pongámonos en guardia contra lo que vamos a decir, y si realmente queremos otra cosa obliguémonos a decir otra cosa.

Si esa es nuestra verdadera voluntad, podemos cambiar. Podemos generarnos nuevas costumbres, y en algún momento nos daremos cuenta de que nos sentimos mejor gracias a ellas.

Tenemos todas las posibilidades de ser dueños de nuestra vida. O pensándolo mejor, ya lo somos.

El siguiente paso es decidir hacia qué llevarla, sabiendo que las consecuencias de cada pensamiento pueden ser desastrosas o maravillosas.

No viviremos bien si tenemos suerte: viviremos bien si nos prestamos atención.

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