Asociación independiente

Sentarse a mirar la vida

Nos parece que la gracia de la vida es vivir tomando contacto con lo que deseamos. "Se vive" cuando se está en actividad, cuando se está haciendo lo que se quiere, lo que se soñó con hacer,

Ante esto no hay discusión, aunque puede haber ampliación; puede haber profundización.

Puede haber una pregunta que vale la pena: ¿lo que hasta ahora entendimos por bueno es lo único bueno?

¿Nuestra vida no será más vida si además de vivirla la miramos?

Hay momentos en que por no poder pagar todo lo que deseamos, por necesidad de descanso o por otras razones, nos quedamos sin hacer nada. Esto a primera vista nos parece indeseable, y en seguida buscamos algo para hacer, leer o escuchar; como si el silencio, o el estar consigo mismo, fuera una amenaza de la que hay que escapar.

El verdadero vivir bien puede empezar al dejar de sentir esos momentos como amenaza.

Además de vivir haciendo, además de todo eso que hacemos por obligación, por necesidad o porque tenemos ganas, existe la posibilidad de sentarse a mirar la vida.

No debe ser una posibilidad que aparezca en medio de otras cosas y contra nuestra voluntad. Debe y puede ser un bien mayor.

Descubramos la tranquilidad de no tener nada que hacer. Disfrutemos la satisfacción de estar con uno mismo, de tener momentos en que nada nos empuje ni tire de nosotros. Es bueno que tengamos cosas que hacer, pero nada ni nadie nos fuerza a que nos ocupen el 100 % de nuestro tiempo.

Si experimentamos la satisfacción de estar sentados sin mirar pantallas, libros ni personas, si nos dedicamos exclusivamente a mirar la vida, podemos dar el primer paso hacia una vida más rica, más amplia, más llena de "algo más" que hasta ahora no habíamos encontrado.

No es de extrañar que el "no hacer nada" sea una situación de la que se quiere escapar. Se enciende la televisión, se busca compañía o se buscan tareas para evitar ese encuentro consigo mismo, sin ver que ese encuentro es precisamente el punto desde el que podemos saltar a una vida mejor. Cuando en vez de temerle a esos momentos se los disfruta, o se acepta que mirar la vida puede significar encontrarse con problemas que nos desafían y nos inquietan, se va camino a solucionar lo que más nos hace falta solucionar.

Estas invitaciones suelen ser típicas de grupos religiosos o ideológicos, que intentan haceernos descubrir la verdad que les parece verdadera a ellos. Démonos cuenta de que hay otra posibilidad: mirar la vida sin sentirnos obligados a nada. Darnos la respuesta que se nos dé la gana. Cualquier respuesta nacida de la sinceridad será una buena respuesta.

Como todo lo que se mira se puede mejorar, podemos mejorar nuestra vida, y llevarla a lo que queremos que sea, precisamente porque nos pusimos a mirarla, a preguntarnos qué queremos y cómo empezar a alcanzarlo.

Aunque parece más cómodo no mirar ni preguntarse todo eso, cuando se es capaz y se lo hace se descubre la satisfacción de enfrentarse y de ser sincero consigo mismo.

Al vivir siguiendo impulsos vemos que para alcanzar lo deseado hace falta pagar el precio, y entre otras cosas nos preocupamos por lo que nos gustaría comprarnos para vivir como queremos.

Esa vida más amplia, esa vida que va más lejos y empieza a conecerse cuando se la mira, es un bien que también tiene un precio: el atreverse a estar consigo mismo, a preguntarse, a ver la vida, a decirse qué cambiar en ella y moverse para que cambie de verdad.

Como el precio es alto, lo que se consigue es muy valioso.

Desechemos la excusa de "no tener tiempo" y atrevámonos.

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