Asociación independiente

Los apocalípticos y sus modas

Hoy ocurre con el cambio climático y los problemas ambientales; hace medio siglo ocurría con la Guerra Fría; antes con la presencia de algún cometa, y aún antes se habrá pensado otros temas.

Siempre aparece, ante los problemas del mundo, quien dice "no hay salida; está todo perdido; el fin es inminente".

Y siempre hay muchos que se lanzan a repetirlo.

Hoy nos preocupamos porque la actividad humana, por medios que antes no existían, puede contaminar o recalentar el planeta hasta el punto de que sea imposible la vida en él, o bien hasta el punto en que tras graves padecimientos sobrevivan pocos seres, humanos o de los otros.

Pues sí: es posible.

Hay científicos preocupados por definir qué posibilidad hay de que nos exterminemos y qué posibilidad hay de evitarlo.

Para alcanzar una respuesta realmente fundamentada hay que adquirir mucho conocimiento.

Pero hay algo mucho más simple, de lo que incluso los más ignorantes son capaces: distinguir entre el "tenemos un problema" y el "no hay salida".

En última instancia no es un problema de conocimiento: es un problema de actitud, o, para ser más exactos, de intención.

La comprobación del "no hay salida" es muy difícil, incluso para los más conocedores y estudiosos. Pero en caso de que se la alcanzara con "certeza científica" ¿para qué serviría?

¿Habría algún científico diciéndole a la humanidad "no hagamos nada y sentémonos a esperar la muerte"?

Ante todos los problemas, una persona sana, con intención de vivir, pasará cada segundo haciendo el máximo esfuerzo para mantenerse en este mundo en el que quiere estar. Y si "no hay salida", le sobrevendrá la muerte contra su voluntad, sin que en ningún momento la haya aceptado de antemano.

Sigue siendo un tema independiente del conocimiento. Los animales tienen menos conocimiento y nunca desisten de la lucha por la vida.

De modo que en el gran desafío de cuidar el planeta o morir hay una sola opción: hacer todo lo posible; no decirnos jamás que no se puede.

Si realmente no se puede, moriremos en medio de nuestros intentos de que pase otra cosa. No habrá sido una opción para considerar ni para elegir: habrá sido un resultado ajeno a nuestra elección y a nuestra voluntad.

Como realmente no sabemos si se puede o no, la única actitud sana es intentarlo.

Aquí desembocamos en eso tan fundamental y tan poco relacionado con el conocimiento: la intención.

¿Qué intención, generalmente muy oculta, tienen los que dicen que está todo perdido?

Seguramente hay más de una: puede ser la de acabar cuanto antes con la tensión aunque sea al precio de darse por vencidos; puede ser la de aceptar cualquier cosa con tal de no esforzarse; puede ser la de hacer sufrir a cualquiera que los escuche; puede ser un modo de golpear a un mundo que no funciona como desean, etc, etc.

Cualquiera de estas actitudes no tiene que ver con el conocimiento: tiene que ver con algo que anda mal dentro de la persona. Cualquiera de estas actitudes es una traición a la humanidad. Cualquiera de estas actitudes es un modo de elegir la muerte porque es más fácil que la vida. Y alguna gente quiere todo tan fácil que ni siquiera se toma el trabajo de quitarse la vida por sí misma: prefiere imaginar que morirá dentro de un tiempo, y a esto le agrega la satisfacción de decirse que morirán los demás, a los que suele culpar de todo lo que falta en su vida.

De modo que ante el problema objetivo de que peligre nuestro mundo, debemos comenzar mirando hacia lo más profundo de nosotros para descubrir qué queremos.

Si queremos vivir, si sentimos que este mundo es un buen lugar para habitar, si deseamos que siga habiendo mundo aunque siga habiendo dificultades, sumémonos a la tarea de cuidarlo, ya sea asumiendo complicados cargos o mediante el simple cuidado de qué tiramos a la basura.

Y si en medio de eso escuchamos a los infaltables amantes del apocalipsis, dejémoslos entretenerse con sus evasiones y sus agresiones al mundo.

Pero repitámonos una vez más que nosotros queremos otra cosa.

No importa cuánto se puede ni cuánto no: elijamos la vida y luchemos por ella.

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